revisionPodologicaMINSegún la Sociedad Española de Biomecánica y Ortopodología (SEBIOR), los pies son una parte del cuerpo que en muchas ocasiones pasa desapercibida, y en lugar de mantener un cuidado preventivo, en la mayoría de los casos, acudimos al Podólogo cuando la afección o patología es severa o irreversible mediante tratamientos conservadores.
Para evitar posibles problemas futuros es importante que los niños visiten al Podólogo de manera frecuente, y la pregunta es, ¿cuándo se debe realizar la primera revisión podológica?
La visita al podólogo de los niños

Lo ideal es visitar al Podólogo desde el momento en que el niño es capaz de andar de forma independiente, esto será alrededor de los dos años de edad, o bien en el momento en que observemos algo anómalo, diferente en la morfología de los pies o entre ambos pies; sin olvidar que el niño se queje de dolor o molestias en alguna zona de los pies. Aunque los patrones definitivos de la marcha no están definidos hasta los 6-8 años de edad, y la morfología del pie varia en los primeros años de vida, conforme va madurando el sistema musculo esquelético, el Podólogo conoce los signos fisiológicos y patológicos de cada etapa. Algunas alteraciones podológicas pueden comenzar a tratarse desde los 3-4 años de edad, pero otras, especialmente las relacionadas con patologías congénitas, deben tratarse de forma precoz. De ahí que aconsejamos una primera revisión alrededor de los dos años o cuando se observan signos o síntomas asociados. Debemos tener en cuenta que para instaurar un tratamiento ortopodológico, soportes plantares (plantillas personalizadas), el único requisito es que el niño use calzado cerrado y camine de forma autónoma. Algunas afecciones congénitas, como el caso del antepié adducto varo, requieren tratamientos precoces, como manipulaciones, vendajes y modificaciones en el interior del calzado, que habrá que instaurar desde los primeros meses de vida, en la etapa pre andante, cuanto más tardío sea el tratamiento menos posibilidades de curación tendrá.

La vista al podólgo de los niños

La tendencia tradicional ha sido tratar las llamadas alteraciones biomecánicas, como el pie plano, cavo o valgo, a partir de los 3/4 años de edad, y es posible que en algunos casos el tratamiento consiga la corrección de la deformidad, pero en otros, por ejemplo cuando un pie plano valgo lleve asociada una verticalización del Astrágalo, o una insuficiencia severa del músculo tibial posterior, o una severa laxitud ligamentosa, se requiere no sólo la instauración de un tratamiento precoz con soportes plantares, sino además tratamiento rehabilitador específico. Por otro lado, la visita temprana al Podólogo puede facilitar que el tratamiento ortopodológico sea menos agresivo o incluso prescribir ejercicios, manipulaciones y otros tratamientos alternativos a los soportes plantares (plantillas personalizadas); cuando la afección no sea severa o flexible.

Cuidar la salud de los pies de los niños es clave porque están en edad de crecimiento y maduración de su sistema músculo esquelético, y si no existe este cuidado se pueden generar problemas irreversibles, en los pies y a distancia (miembro inferior y columna)

Problemas frecuentes en el niño

Si no se realiza esa primera revisión podológica a tiempo, aparecen anomalías y deformidades, y el primer síntoma suele ser el caminar mal, tropezarse o caerse con frecuencia. Las patologías y anomalías más comunes son los pies planos, valgos, marchas en adducción o rotación interna, pies cavos valgos, con cierto componente hereditario, sin olvidarnos de las mal llamadas “enfermedades del crecimiento”, como la Enfermedad de Sever, que cursa con dolor en los talones, o el Osgood Schlatter en la rodilla, que llevan asociado casi en la totalidad de los casos alteraciones biomecánicas en los pies y que requieren una visita al Podólogo y un tratamiento continuado.

Otros signos y síntomas son andar de puntillas y la cojera, que puede producirse por diferentes patologías, en los pies y en otras articulaciones, como el citado Sever, la Enfermedad de Perther, la Sinovitis transitoria de cadera, disimetrías y acortamientos de la musculatura posterior, incluso trastornos afectivos, o una simple onicocriptosis (uña encarnada o clavada), entre otros.

Los cuidados para los pies

Además de esta primera revisión podológica, el uso de un calzado adecuado y evitar hábitos posturales son fundamentales para prevenir alteraciones podológicas complejas. El calzado debe ser flexible en la zona de flexión anterior (metatarso), estable, y consistente en la zona posterior, no demasiado alto y que permita una adecuada movilidad del tobillo. Se recomienda que no traiga de serie ningún elemento corrector, ni a modo de plantilla ni en la suela, y que sea acordonado o con un buen sistema de sujeción. Además de adaptarse a la morfología del pie del niño, respetando cierto margen en la capacidad, anchura y longitud. A este calzado se le denomina fisiológico o de calidad saludable.

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Calzado fisiológico o de calidad saludable.

Los hábitos posturales, como dormir con boca abajo con el miembro inferior en rotación interna (hacía adentro) o sentarse de forma mantenida en posición de “rana” o de “sastre” deben evitarse, porque facilitan la adquisición o el mantenimiento de alteraciones torsionales o rotacionales que influyen en la forma de caminar y en que aparezcan otras alteraciones secundarias en los pies, como un retropié valgo. Se recomienda dormir de lado o variar la posición durante el suelo y sentarse correctamente con las rodillas flexionadas y los pies bien alineados.

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Fuente: SEBIOR (Sociedad Española de Biomecánica y Ortopodología)